1 de diciembre de 2010

La magia de la navidad comienza a entrar en nuestras vidas, ¡démosle la bienvenida!

La vida no dejará de sorprenderme nunca. Es asombrosamente increíble cómo se desarrollan las relaciones humanas. Cuando conoces a una persona, no sabes si esa persona se va a quedar en tu vida de forma temporal o para siempre. Pero eso es algo que no te planteas, simplemente dejas que pase el tiempo, que sea él uno de los autores de tu vida. Te limitas a vivir mientras te vas dando cuenta de que esa persona se ha convertido en algo muy importante y se comparten  muchas más cosas de las que podrías haber imaginado.

         A veces esa relación perdura, otras no, o incluso sufre un altibajo, algo que no estaba planeado. Por diversas circunstancias los pasos de esas personas toman senderos diferentes, y ya no es lo mismo, no es lo que era. Pero, como decía, la vida nos sorprende en muchas ocasiones y sobre todo cuando menos lo esperamos, siempre es así. A veces de forma negativa, pero otras muchas positivamente. Esas personas que siguieron caminos diferentes a veces se reencuentran y suceden algo hermoso, te das cuenta, que pese a las diferencias entre la vida de ambas, en el fondo sigue siendo lo que era, sigue existiendo algo que a lo mejor creías un poco muerto o debilitado. A lo mejor no se percibe con mucha claridad pero hay algo, puede ser muy pequeño, quizá no lo ves, pero sí lo sientes. Sientes algo que te hace darte cuenta de que hay un hilo, quizá más fino que antes, pero no por ello menos fuerte, que te une a esa persona. Te das cuenta entonces de que no está todo perdido, de que quizá las cosas no son lo que eran pero sabes que sigue existiendo un hilo, sabes que perdura algo que nació hace mucho tiempo y que en realidad es lo importante.
         Las personas cambiamos. Para bien o para mal pero cambiamos al fin y al cabo. La vida, las circunstancias de esta, el entorno en que vivimos y también otras personas nos hacen cambiar de un modo u otro. Hacen que nuestra personalidad vaya tomando forma, que empezamos a ver las cosas desde otra perspectiva y que nos sea más fácil saber qué queremos en nuestra vida. El hecho de crecer y tomar caminos diferentes a los de otros con los que estábamos muy unidos es, en cierta medida, un poco el culpable de que sea un poco más difícil mantener ese hilo que nos une. Pero no nos preocupemos, en esta vida, como se decía en un libro que leí hace poco, Ma cosa c’è di seplice? Nulla che valga... ¿Qué es fácil? Nada que valga la pena… Las cosas que merecen la pena requieren un esfuerzo y ¡hay que luchar por ellas! 

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